La sombra es un pedazo que se aleja
Camino de otras playas
En mi memoria un ruiseñor se queja
Ruiseñor de las batallas
Que canta sobre todas las balas
HASTA CUANDO SANGRARÁN LA VIDA
La misma luna herida
No tiene sino una ala
El corazón hizo su nido
En medio del vacío
Sin embargo
Al borde del mundo florecen las encinas
Y LA PRIMAVERA VIENE SOBRE LAS GOLONDRINAS
De Poemas árticos, 1918
Vicente Huidobro
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domingo, 17 de octubre de 2010
jueves, 14 de octubre de 2010
¡ESPERANZA!
Sin duda alguna existe una llama que arde en la noche, un sentimiento evanescente que nos anima cuando, a pesar de creer tenerlo todo en contra, impide que nos rindamos. Todo absolutamente todo, lo que nos ocurre en la vida, podemos considerarlo un "regalo", una oportunidad de adquirir el "poder" que nace de la adversidad.
Es probable que cuando en la vida, tenemos a la adversidad, es cuando no debemos llevar los pensamientos de futuro con nosotros, solo debemos permitirnos estar en el presente, porque una época de transformación, de un nuevo comienzo, requiere mucho trabajo.
Necesitamos un nuevo "motor" que imprima la velocidad justa a nuestra situación y emplee la energía adecuada, para que no haya un consumo excesivo, de tu propia fuerza.
Al lado de sentimientos que sentimos...tristeza, sufrimiento, dolor...aparecerá siempre la esperanza, ese elemento necesario, para la existencia de nosotros mismos.
Ya lo decía García Lorca: "El más terrible de todos los sentimientos, es el sentimiento de tener la esperanza muerta",
Cuando no hay esperanza, no hay sentido, aparece la angustia. En su enseñanza Pandora decía: "El hombre sobrevive porque espera.
Podría decir algo más, el hombre vive y está en relación a sus esperanzas, quiere decir esto a sus convicciones, quien no tiene convicciones, es probable que haya muerto sin haberse dado cuenta.
La esperanza se funde en cosas reales, en una experiencia que continuamente se va renovando. La esperanza es quizá una de las pocas cosas que, como el Fenix, resurge de sus propias cenizas, por que sin esperanzas nos quedamos en pura ceniza. En este "mar" de confusión que vive el mundo, las convicciones son el "salvavidas" de la esperanza y por tanto del propio yo.
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